Como el hilo de carrete, ellos y nosotros -políticos y ciudadanos- nos hemos ido enredando y dejando enredar en un debate pueblerino y absurdo para justificar una gigantesca inversión. Los pretextos tienen poco fundamento y escasa solidez: "será un plus para la oferta de infraestructuras de transportes de la isla, pondrá en valor la modernidad de la isla, se convertirá en un atractivo turístico más, será un elemento de promoción exterior decisivo para el futuro de Gran Canaria…". Pero, ¿estamos todos locos?, ¿nos estamos chalando todos al unísono y de forma colectiva, que es la mejor manera de justificar los disparates y las chaladuras?... Si nadie es capaz de analizar con serenidad el asunto y de poner sobre la mesa críticas serias y sensatas sobre la tremenda “pollabobez” que nos quieren meter con forceps, yo me bajo del tren… aunque ya esté en marcha y no quieran/puedan ya pararlo. Me bajo en la primera parada, la del Parque de San Telmo, donde -estos días- se exhibe un prototipo del trenecito de marras, con primera clase incluida.
Peregrina justificación la que usan como principal argumento: “…que conviene aprovechar y hacerlo ya, porque el Gobierno central asumirá y financiará los grandes gastos del montaje…”. Parece que el dinero que se quiere invertir/tirar, venga de donde venga -de Madrid, de Canarias o de la isla-, no pueda ser usado sino para esta inversión de fuegos artificiales ("volaores", que le llaman en mi pueblo) y no para subsanar las cientos de necesidades y carencias de todo tipo que sufre/n nuestra/s isla/s. Necesidades perentorias que, enumeradas, ponen rojo al más pintado: más de un 20% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, seguimos teniendo importantes carencias en nuestras infraestructuras que, en general, siguen siendo pobres e incompletas para una isla que, sin embargo, si tendrá un “cacho” tren para cogerlo en San Telmo y bajarte en el Faro, como el que coge la guagua 2-Isleta, grandes problemas de servicios públicos generales, servicios sociales pobres e incapaces de dar respuesta a -cada vez- un mayor número de grancanarios con problemas de supervivencia, una deficiente sanidad, unos colegios e institutos y sus equipos psicopedagógicos a los que les falta el material necesario para educar con dignidad, y así hasta un montón de problemas que se reparten por toda la geografía insular...
¡Me cago en la puta!..., pero de verdad ni el Ministerio de Fomento, ni la Delegación del Gobierno, ni el Gobierno de Canarias, ni el Cabildo de Gran Canaria, ni los ayuntamientos de la isla, ni los llamados agentes sociales (sic), han caído en la cuenta de que una sociedad y sus instituciones que son incapaces de ser sensibles a todas las necesidades mencionadas y tiran el dinero por las ventanillas de un tren reciben un nombre aquí y en Pekín: sociedades de repúblicas bananeras; y los trenes y las barbaridades que se hagan despreciando necesidades más importantes deben, por tanto, también ser llamadas “bananeras”.... Pero, ¡que coño importa!, si a lo mejor somos así…
Tranquilitos, con el coche o el Salcai, podemos seguir tirando palante 200 años más, y seguir yendo y viniendo al/del sur los sábados y los domingos y no se caerá el mundo, ni dejarán de venir más o menos turistas, ni seremos más o menos modernos, avanzados y tecnológicos. Las sociedades avanzadas se miden por otros parámetros, y, muy especialmente, porque atienden de forma prioritaria las necesidades y las carencias de las necesidades de sus ciudadanos como primer objetivo colectivo. O sea: por mí que el tren siga de largo y se vuelva a Madrid y que toda la inversión prevista se use para cosas más necesarias, que son muchas en nuestra isla. Por ejemplo, que Guaguas Municipales no anden un día pa´lante y el otro pa´tras. ¡¡¡Piiiiiiiii, piiiii, piiiiiiii!!!, ¡Lonvaaaaamos!...
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