Hotel de los líos, ayuntamiento sin gobierno, lealtad frente a eficacia, la banda de los directores de áreas, la huida de los serios, concejales de fiestas de barrios, cabezas que ruedan, otras que se auto descabellan, etc… Llamemos como queramos a lo que pasa en el Ayuntamiento de Las Palmas. Utilicemos los adjetivos y las frases descriptivas que deseemos sobre la situación de caos absoluto que se vive desde el mes tres de la subida al gobierno de la ciudad de don Jerónimo y su troupe. Vamos que no llegaron ni al día 100 del mandato para que ya la hubieran cagado cinco o seis veces, pese al respeto al centenar de días de respiro que les concedió una oposición que se ha mostrado blandita blandita.
Todo lo que se esperaba del buen saber y entender del señor alcalde por parte de los ciudadanos de la ciudad se ha venido abajo como un juego de naipes. Se esperaba lo que era inherente a la trayectoria del ex presidente de Canarias, al eterno diputado y al ex ministro: seriedad, saber estar, altura de miras, un proyecto ejecutable, un equipo seleccionado y competente, técnicos de alto nivel o, al menos, de un nivel que justificara los salarios, orden y concierto, eficaz dirección de un eficaz equipo, gestión ejecutiva en armonía con una ciudad de tantos habitantes, etc… Todos nos hemos quedado con la imagen parcial que deja un político de tanta experiencia, de su cultura y de su elegancia social. El resto, para olvidar.
Para empezar le faltó la capacidad de discernir bien la selección de un equipo de categoría y calidad en la confección de la lista electoral. Allí se colaron de todo: gente de su cuerda y de la universidad (poquitos), algún peso pesado del partido (apenas dos), ex concejales sempiternos (presentados una y otra vez), personas sin talla política ni social procedente de asociaciones de vecinos (¡que horror!) y de las agrupaciones locales del partido de nuestra ciudad (¡huyamos por la derecha!). Un equipo pobre que, en las primeras reuniones de coordinación previas a las elecciones dieron ya su baja talla y sus incapacidad de trabajar en equipos. El candidato a alcalde ya en esos actos la vio venir e indicó al partido que “él se mamaría la tranca” de los concejales taifeños, pero se reservaba el derecho de contratar tantos directores de áreas como él quisiera. Simple juego de cartas: yo trago si ustedes tragan…
Bien, pues ni con esas. Don Jerónimo y su equipo cercano (que produce náuseas al resto de concejales) tuvieron mal fario incluso a la hora de elegir al equipo de gestores, a pesar de los sueldos que se ofrecían a los múltiples candidatos. Fue apareciendo gente sin experiencia alguna en la gestión, en la dirección de equipos, en la administración, dispuestos a cobrar mucho y a hacer poco y, además, ganando y mandando más que los propios concejales. Llega el septiembre del primer año de mandato y empiezan a saltar las chispas que no han parado hasta ahora, a saber: dimisiones de directores de áreas, peleas entre alguno de estos y algún concejalillo, disputas por el “yo mando más”, críticas al alcalde de los concejales más significados, interminables peleas desde todos los frentes con el Gabinete del alcalde que es dirigido por un señor de Sevilla que se erige en “Alcalde II”, entradas de coordinadores de áreas de alto nivel del partido, marcha de alguno/a de estos, dimisiones en el equipo de gobierno, remodelaciones tras remodelaciones, dimisiones de concejales, huelgas de personal municipal y de sus empresas públicas, etc…
Y el alcalde mientras, impasible, mientras la alcaldía y, quizás las próximas elecciones se les escapa entre las manos. Y en medio de ese lío, el señor Saavedra busca a sus enemigos y principales críticos y tira a matar contra el secretario general de su partido en Canarias y su gran protegido cuando JFLA no era nadie y el lo aúpo en Madrid y le dio alas y protección en el partido.
Una ciudad, esta ciudad, cualquier ciudad, lo aguanta casi todo…. Casi todo menos el caos, el desorden y los líos hoy y mañana de la gente que la debe gobernar por mandato de los ciudadanos. Y en ese poder que se les otorga, su principal receptor es el alcalde y es él el que debe dirigir a su equipo, aunque esté sea de segunda regional. ¡Y el que no se ha escondio tiempo ha tenido!…
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