miércoles 20 de mayo de 2009

Eterno Benedetti

Estaré donde menos lo esperes, en un árbol añoso, de oscuros cabeceos. / Estaré en un lejano horizonte sin horas, en la huella del tacto, en tu sombra y mi sombra. / Estaré repartido en cuatro o cinco pibes de esos que vos mirás y enseguida te siguen. / Y ojalá pueda estar de tu sueño en la red, esperando tus ojos y mirándote. (Del poema "Chau número tres" de Mario Benedetti)

Se fue Don Mario… Y, ahora, ¿qué hacemos?... Pues seguir leyéndolo, continuar disfrutando de su inmenso legado. El maestro, el poeta universal, el hermano de letras de José Saramago, el escritor certero, el luchador por y para la libertad, el nunca conformista ni conformado, el eternamente exiliado, el hombre Benedetti, se nos escapó de entre las manos como el viento, sin apenas darnos cuenta, porque –como a sus obras- casi lo creíamos eterno.

Las criaturas maravillosas en formas de cientos de poesías de todos los caracteres y estilos que imaginó y creó se quedan ahí revueltas entre sus libros como regalo generoso, hermoso y eterno. Una herencia literaria y, sobre todo, poética, de incalculable valor. Su obra parece más que un trabajo creativamente individual, el fruto del ingenio, la energía y la sensibilidad de un puñado selecto de muchos autores, de varios Benedettis. Sus poemas, su prosa y su opinión libre se pasean por todos y cada uno de los recovecos que nos ofrece a lo largo y a lo ancho de su fantástica obra. Nos deleita y nos deleitaremos ya por siempre de su tesoro vivo, subiendo y bajando escalones por los renglones de cada una de sus obras.

Miles de veces leído, versionado, musicado, copiado, admirado y citado, en fin, por cientos de autores, poetas y cantores -entre ellos Alberto Falero, Daniel Viglietti y Silvio Rodríguez, que consagraron musicalmente sus más lindos poemas-. Para todos, Benedetti es mucho más que el poeta del amor, que nos atrapo a mí y a todos los que sucumbimos a su bellas palabras del corazón cuando éramos más jóvenes. Mario Benedetti es, fue, además, un magnífico escritor, columnista, ensayista y, sobre todo, un ser permanentemente en posición de reclamar, reivindicar y protestar ante injusticias y agravios. Eso le llevo a un largo peregrinar por países en un interminable exilio, más de una vez libremente elegido por él, por alguna inconformidad vital.

Y de fondo, el hombre. Sencillo, austero, no pretencioso, que califico siempre su trabajo como de “relativo valor”… El mismo que nos divierte, nos apena, nos fascina y nos emociona con sus letras, sus deliciosos puñados de letras. Releámoslo, una y mil veces. Nos conmoverá como siempre.

Textos: Redactores de www.republicadelaisleta.com.

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